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La Llave del Conocimiento


Según las normas de etiqueta, cuando alguien te invita, debes ser educado, máxime cuando te invita alguien respetable. Si lees la historia que comienza en el Evangelio de Lucas, capítulo 11 y verso 37, y si lo haces bien, verás algo interesante.

Un fariseo, es decir, un personaje de buena reputación, religioso y respetado por sus conciudadanos, invitó a su casa a Jesucristo a comer con él, acompañado de algunos personajes más (le acompañaban varios interpretes de la ley, según el verso 45). Era costumbre de estos honorables "hombres de Dios", cumplir con una serie de ritos; para ellos cumplir rutinas era normal; algunas eran completamente bíblicas, pero otras se habían añadido por las costumbres y usos de sus antecesores. Como ellos valoraban mucho la apariencia, se vieron sorprendidos por una gran "falta de etiqueta" de Jesús, que se sentó a comer sin seguir el rito acostumbrado... Lee bien, no pienses que Jesús iba con las manos mugrientas... Él era aseado, todo un ejemplo. Lo que no hizo fue cumplir con la costumbre de sumergir repetidas veces las manos en agua (y digo sumergir, porque el verbo griego del que se traduce lavar en este pasaje, no es otro que "BAPTIZO", cubrir completamente con agua... Curioso ¿verdad?)

Sin mediar palabra, porque la etiqueta requería que el fariseo siguiera aparentando humildad, leemos que se sorprendió, y en pleno asombro, vino otra "falta de etiqueta" algo que entendieron como un mal proceder de Jesús.

Quizás tú, bien recatado, viendo esto hubieras hecho lo mismo, te hubieras callado y lo hubieras dejado estar... Pero no, Jesús no actúa con hipocresías, Él había ido hasta allí para enseñar algo a sus anfitriones y a nosotros. Antes de que el fariseo se atreviera a incomodar a su huésped recordando su leve falta, el propio Jesús comenzó a calentar el ambiente. Directamente y "sin anestesia" le dijo al fariseo algo así como esto (cito entre paréntesis algunas acepciones del griego con que se escribió originalmente):

Ustedes se preocupan de lavar el plato y el vaso por fuera (lo exterior), pero por dentro están llenos de codicia (rapacidad, robo) y de maldad (depravación)
[Nota que tras esta introducción, empieza a elevar su volumen de voz, y posiblemente les llega a gritar, como indican los signos de admiración que aparecen más adelante en esta conversación]
Necios (estúpidos, ignorantes)... den de lo de sus platos a los pobres y serán limpiados. (Limosna, que aparece en algunas traducciones, viene de gr. "eleemosúne" que es compasión, beneficencia ejercida hacia el pobre, o benevolencia) algo así como "sean más compresivos y no tan tajantes"...

Si sigues leyendo, descubrirás "lindezas" salidas de la boca de Jesús, donde primero a los fariseos, y luego a los intérpretes de la ley, es decir a los "expertos", les dice cosas tales como:

Ignoráis la justicia y el amor, os encanta estar en primera fila para ser vistos y reverenciados por los demás, incluso en la iglesia, perdón dice sinagoga (¡!) Estáis muertos, pues sois como tumbas que no tienen lápidas encima, de forma que la gente camina pensando que pisa hierba y está pisando sobre vuestros sepulcros, no solo estáis muertos, sino que no avisáis para que otros no caminen por esos mismos senderos de muerte. Hipócritas (actores profesionales, simuladores de lo que no son de verdad) Abruman a los demás con cargas que apenas se pueden soportar, pero ustedes mismos no levantan ni un dedo para ayudarlos...

Puedes seguir hasta el versículo 52, donde está el pasaje al que quería llegar, no sin antes pensar en algo: ¿Todo este chaparrón por no lavarse meticulosamente las manos? ¿Tu hubieras montado este espectáculo a unos anfitriones distinguidos que te acababan de invitar?

No, no te confundas, Jesús era amplio en perdonar, y sobran ejemplos en las Escrituras que lo demuestran. Pero si algo no permitió Jesús (curiosamente era algo que Él siempre confrontaba) era la religión organizada, las estructuras establecidas... si estas estaban conformadas fuera del amor, la misericordia, la paciencia, la benignidad... No verás a Jesús hablando con semejante dureza a menos que tuviera enfrente a un hipócrita, a un religioso de bonita apariencia pero de interior vacío.

Ojo, Nicodemo, Gamaliel, Pablo, y otros más fueron fariseos también, pero evidenciaron frutos de amor y de tener sus mentes dispuestas al cambio de mentalidad que había de producirse, pues eran sinceros, honestos. Por lo tanto, no es esto un ataque contra tal o cual grupo, sino contra los que tienen apariencia de piedad, de entendidos en las Escrituras, contra los que usan las credenciales para decir que tienen una autoridad (dada por hombres), pero intentan ocultar que esta no les ha sido dada por Dios, porque esa se ve en el ejemplo irreprensible y sin tacha de los verdaderos ministros de Dios.

Puede resultar duro todo esto, pero la Biblia no la escribí yo, ni tampoco le dije a Jesús que se enojara así... Ni por supuesto puedo decir que esta historia fue para el pasado y que hoy ya no sirve ¡Ni mucho menos voy a decir que los fariseos son los "católicos"! (Eso se lo inventó un "evangélico" que encontró en ello un modo perfecto para desviar la atención de sí mismo, para no ser pillado "culpable" por estar comportándose del mismo modo) No excuso ni a unos ni a otros. Yo soy cristiano, a secas, y el que quiera "apellidos" que los use, pues hay muchos (entiéndase, católicos, ortodoxos, bautistas, pentecostales, luteranos, ecuménicos, protestantes de todo los tipos y colores, etcétera) Pero hay una sola Palabra Veraz, la Biblia; y hay un solo Dios y Padre, y un solo mediador entre Él y nosotros: Jesucristo.
Bueno, a lo que iba: Los fariseos y los expertos intérpretes de la ley, pensaban ser la "voz de Dios en la tierra" sin serlo. Pero me dirás entonces ¡Cuidado, no eran cualesquiera, eran la clase religiosa de la época! ¡Eran la "denominación" de mayor aceptación de la época!

Sí, ciertamente representaban la autoridad eclesiástica (los "apellidos" de entonces eran fariseos, saduceos, macabeos, esenios...) No todos eran así, no todos eran intolerantes e intransigentes, pero muchos sí. Por eso, antes de continuar, deberíamos meditar acerca de si asistimos semanalmente a una "sinagoga" donde nos predican los fariseos cuadriculados que solo se preocupan por lo externo, por la apariencia, por el llenar sus congregaciones, por rapacidad o ganancia, por rituales repetitivos, por estructuras que no se sostienen, por convencernos de que poseen la única revelación e interpretación posible de la sublime palabra celestial...

No pretendo acusar a nadie, pero el auto-examen es algo bíblico, y "tampoco lo inventé yo", de modo que...

En el versículo 52, Jesús culmina mostrando la razón de sus palabras. Él no se había enfadado porque pensaran mal de Él, sino porque conocía que esto que había sucedido no era más que una evidencia de lo oscuro de sus corazones, pues como les dijo:

¡Ay de ustedes, expertos en la ley!, porque se han adueñado de la llave del conocimiento. Ustedes mismos no han entrado, y a los que querían entrar les han cerrado el paso.

Esto es grave, pues cuando alguien se levanta diciendo que habla de parte de Dios sin ser cierto, arrastra tras de sí a los que le creen. Soy consciente de ello. Digo lo que digo sabiendo que puedes y debes examinar si es cierto todo esto que escribo. Te aseguro que sé que la condenación por "descarriar ovejas " está asegurada, de modo que todo cuanto escribo está más que meditado; de todos modos es tu obligación juzgar y discernir. Examinalo todo y retén lo bueno (1ª Tes. 5:21)

El tema es que los expertos religiosos no entraron ni dejaron entrar a sus seguidores ¡Cuidémonos, no sea que en algún lugar se esté repitiendo la historia!

Hoy día, cualquiera que lea este mensaje puede tener acceso a leer una Biblia, de modo que tenemos una seria responsabilidad, la de escudriñarla bien, buscando las verdades escondidas. No es tarea fácil, de hecho, en el mismo evangelio de Lucas podemos ver un versículo que "casualmente" sirve casi de colofón para estas palabras donde Jesús dice:

Esfuércense por entrar por la puerta estrecha, porque les digo que muchos tratarán de entrar y no podrán. (Lucas 13:24)

¿Por qué no podrán? Porque la llave de esa puerta, la llave del conocimiento (conocer a Dios), la tienen los "expertos de la ley" (Lc.11:52) los que por desgracia ni entienden ni dejan entender, los que anteponen sus criterios humanos a los divinos, los que dan mayor importancia a sus propios intereses (una gran membresía, prestigio, una economía bien próspera) a los de Dios.

El camino es duro, angosto, difícil, trabajoso... pero el premio que espera al llegar a la meta bien merece la pena. No dejemos que nadie nos desvíe, busquemos por nosotros mismos a Dios, si es que le hemos conocido, si le hemos recibido, si le hemos permitido morar en nosotros. Si es así, tenemos el Espíritu que muestra toda la verdad, el Espíritu de revelación: El Espíritu Santo. Si no, aún estás a tiempo de buscar la intimidad de tu habitación y de hablar con Él, y pedir que te perdone y te ayude a buscarlo en espíritu, y en verdad.

Termino recordando ese pasaje donde vemos que algunos se quedaron a la puerta del reino de los cielos, sin poder entrar:

Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros? Entonces les diré claramente: Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad! (Mat 7:22-23)

¿No te da esto que pensar? Estos a los que Dios decía no conocer no eran incrédulos, no era gente mal vista por los demás (no te enojes conmigo, pues como te dije antes, yo no escribí la Biblia), sino que era gente usada para liberar endemoniados, para profetizar, para hacer milagros... No son esos los frutos genuinos de un "siervo de Dios", sino los que los fariseos olvidaron el día que invitaron a comer a Jesús: La justicia y el amor de Dios (Lc.11:42)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Solamente recordarte lo que dice pablo vuestra modestia sea conocida por todos,y eso le falta a tu tema.

¿Qué es un MITO?


Un Mito es una cosa que no tiene una realidad concreta, que puede llegar a ser una fábula, una fantasía. Cuando un mito se confunde con algo real, la verdad se distorsiona. Algo así ha sucedido con el cristianismo actual, del que muchos escapan por el mítico concepto que tienen de él. Aún estamos a tiempo de hablar las verdades, a la luz de las Escrituras, la Palabra fiel y verdadera de Dios.